Porque nos regalas otro día de vida, de alegría y de optimismo, te damos gracias, Señor.
«Ámense como yo los he amado». Estas palabras nos resultan un poco incómodas, porque pensamos que es relativamente fácil amar a Dios, aunque con frecuencia nos parece que él está lejos; al menos pensamos que es “fácil” amarlo, pero qué difícil nos resulta amar a todos y cada uno de nuestros hermanos —al vecino que es cansón e insoportable, al antipático, al compañero en el trabajo, al mendigo, al negativo, al que nos ha ofendido...— ¡son tan diferentes a nosotros! Quizá pudiéramos amarlos mejor si no estuvieran tan cerca de nosotros. Y hasta nos parece que es mucha exigencia amarlos como tú nos amas, con el mismo amor que se olvida de sí mismo y se sacrifica.
Nosotros no los elegimos a ellos. Ellos y Tú nos escogieron para que nos hiciéramos sus prójimos. Nos has elegido, nos tomaste y aceptaste tal como somos, y nos has llamado amigos. Sabemos que en muchas ocasiones nos resulta difícil amar como tú nos amas. Haznos conscientes, Señor, de que tú nos has aceptado tal como somos y nos amas sin reserva. Danos fuerza para ser pacientes con todos, para elegirlos, comprenderlos y amarlos como hermanos nuestros, porque tú nos has elegido a todos como amigos.
AMEMOS DE CORAZÓN Y DEJÉMONOS AMAR POR DIOS. Feliz y santificado viernes.
Palabra del Papa
En nuestro tiempo, vemos aún demasiada discordia, demasiadas heridas causadas por el odio, la violencia, los prejuicios, el miedo a lo diferente, por un paradigma económico que explota los recursos de la tierra y margina a los más pobres. Y nosotros queremos ser, dentro de esta masa, una pequeña levadura de unidad, de comunión y de fraternidad. Nosotros queremos decirle al mundo, con humildad y alegría: ¡miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela! Escuchen su propuesta de amor para formar su única familia: en el único Cristo nosotros somos uno. Este es el espíritu misionero que debe animarnos, sin encerrarnos en nuestro pequeño grupo ni sentirnos superiores al mundo; estamos llamados a ofrecer el amor de Dios a todos, para que se realice esa unidad que no anula las diferencias, sino que valora la historia personal de cada uno y la cultura social y religiosa de cada pueblo. Hermanos, hermanas, ¡esta es la hora del amor! (Papa León XIV, Plaza San Pedro, 18 de mayo de 2025).
“omisión”.
