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8-may.-2026, jueves de la 5.ª semana de Pascua

¡esta es la hora del amor!

Porque nos regalas otro día de vida, de alegría y de optimismo, te damos gracias, Señor.  

«Ámense como yo los he amado». Estas palabras nos resultan un poco incómodas, porque pensamos que es relativamente fácil amar a Dios, aunque con frecuencia nos parece que él está lejos; al menos pensamos que es “fácil” amarlo, pero qué difícil nos resulta amar a todos y cada uno de nuestros hermanos —al vecino que es cansón e insoportable, al antipático, al compañero en el trabajo, al mendigo, al negativo, al que nos ha ofendido...— ¡son tan diferentes a nosotros! Quizá pudiéramos amarlos mejor si no estuvieran tan cerca de nosotros. Y hasta nos parece que es mucha exigencia amarlos como tú nos amas, con el mismo amor que se olvida de sí mismo y se sacrifica. 

Nosotros no los elegimos a ellos. Ellos y Tú nos escogieron para que nos hiciéramos sus prójimos. Nos has elegido, nos tomaste y aceptaste tal como somos, y nos has llamado amigos. Sabemos que en muchas ocasiones nos resulta difícil amar como tú nos amas. Haznos conscientes, Señor, de que tú nos has aceptado tal como somos y nos amas sin reserva. Danos fuerza para ser pacientes con todos, para elegirlos, comprenderlos y amarlos como hermanos nuestros, porque tú nos has elegido a todos como amigos. 

AMEMOS DE CORAZÓN Y DEJÉMONOS AMAR POR DIOS. Feliz y santificado viernes.

Palabra del Papa

En nuestro tiempo, vemos aún demasiada discordia, demasiadas heridas causadas por el odio, la violencia, los prejuicios, el miedo a lo diferente, por un paradigma económico que explota los recursos de la tierra y margina a los más pobres. Y nosotros queremos ser, dentro de esta masa, una pequeña levadura de unidad, de comunión y de fraternidad. Nosotros queremos decirle al mundo, con humildad y alegría: ¡miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela! Escuchen su propuesta de amor para formar su única familia: en el único Cristo nosotros somos uno. Este es el espíritu misionero que debe animarnos, sin encerrarnos en nuestro pequeño grupo ni sentirnos superiores al mundo; estamos llamados a ofrecer el amor de Dios a todos, para que se realice esa unidad que no anula las diferencias, sino que valora la historia personal de cada uno y la cultura social y religiosa de cada pueblo. Hermanos, hermanas, ¡esta es la hora del amor! (Papa León XIV, Plaza San Pedro, 18 de mayo de 2025).

“omisión”.

Quien no ama permanece en la muerte
ORACIÓN 

Señor, sabemos que todos los días no son iguales. Los hay nublos, los hay claros, los hay fríos, los hay calurosos. Lo mismo ocurre con tu palabra. La palabra de hoy es de día de fiesta, es de día de sol sin ocaso. Y el tema no puede ser otro que el tema del amor. Nos llamas amigos, y nos dices que tu amor a nosotros llegó a tal extremo que fuiste capaz de dar la vida para expresar así mejor el amor que nos tenías. Gracias, Señor, por querernos tanto.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-8-de-mayo-de-2026

Qué distinta la piedad de Jesús a la de los judíos de su tiempo. Estos tenían muchas leyes, muchos preceptos, muchas normas; Jesús sólo tiene una: la Ley del amor. Lo que nos dejó como testamento y norma suprema: que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado.

Lo que nos distingue como cristianos ni siquiera es el amor, sino el amor tal y como lo entendió Jesús. Y Jesús entendió el amor hasta el extremo de estar dispuesto a dar la vida por las personas que amaba. Lo ideal del cristiano es vivir para amar, vivir desviviéndose por los demás, gastar la vida amando, de modo que la mejor manera de perder el tiempo sea emplearlo en algo que no se pueda reciclar en amor.  

En el cristianismo el amor no es un consejo sino un precepto, un mandato. Uno se pregunta: ¿Se puede obligar a amar? Jesús no obliga a nadie a ser cristiano, pero desde el momento en que uno opta por serlo [se obliga a amar], porque desde el momento en que dejo de amar dejo de ser cristiano. Es imposible encontrar a un auténtico cristiano sin amor. Lo dice muy bien san Juan: «Quien no ama permanece en la muerte» (1Jn. 3,14). Y la religión de Jesús no es religión de muertos, sino de vivos. Me pregunto: ¿Qué hemos hecho los cristianos del mandamiento de Jesús? ¿Qué hemos hecho de los maravillosos sueños de Dios? ¿Qué hemos hecho de la luz? ¿Qué hemos hecho de la sal? Nuestro gran pecado es el de 

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.