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1-sep.-martes de la 22.ª semana del T. O.

el Señor «alterna el discurso en beneficio de los oyentes, en un proceso que va de los prodigios a las palabras y pasando de nuevo de la enseñanza ... a a los milagros»

La noche y la luz del sol nos va anunciando [la llegada de] un nuevo día para llenarnos de ilusiones y buenos sentimientos, para abrir nuestros corazones y recibir tu palabra y poderte decir: «aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad», y ante todo comprender tu Palabra y tu mensaje. 

La sabiduría divina es un don que procede del Espíritu Santo. El Espíritu nos da discernimiento y por eso nosotros deberíamos ser gente “espiritual”, movidos siempre por el Espíritu. Danos la capacidad de poder comprender tus designios de amor, que siempre serán justos y esperanzadores. Guarda siempre ante nuestros ojos tu ejemplo de autoridad que salva y cura, y que a nosotros nos compromete a salir de nuestra mediocridad. 

Que ojalá seamos humildes, sencillos y entregados, deseosos de servir a nuestros hermanos a ejemplo tuyo. “¿Qué quieres de nosotros?”, ayúdanos a comprender esta pregunta desde la acogida, no desde el rechazo. Desde la acogida: que sea una apertura a tus enseñanzas de Maestro, a la voluntad del Padre celestial; dejar que él siembre en nuestros corazones los valores del reino. 

Nuestro mes de septiembre, que hoy iniciamos, sea lleno de bendiciones, de tu presencia amorosa y misericordiosa; que nuestros hermanos en soledad y tristeza siempre encuentren consuelo en nuestra solidaridad y fraternidad. 

Un muy feliz martes, con anhelos e ilusiones y lleno de optimismo. 

Palabra del Papa

A su enseñanza, que despierta la admiración de la gente, sigue la liberación de «un hombre poseído por un espíritu inmundo» que reconoce en Jesús «al santo de Dios», es decir, al Mesías. En poco tiempo, su fama se extendió por toda la región que Él recorre anunciando el Reino de Dios y curando a los enfermos de todo tipo: palabra y acción. 

San Juan Crisóstomo nos hace ver cómo el Señor «alterna el discurso en beneficio de los oyentes, en un proceso que va de los prodigios a las palabras y pasando de nuevo de la enseñanza de su doctrina a los milagros». La palabra que Jesús dirige a los hombres abre inmediatamente el acceso a la voluntad del Padre y a la verdad propia. No les sucedía así, sin embargo, a los escribas, que debían esforzarse en interpretar las Sagradas Escrituras con innumerables reflexiones. Además, a la eficacia de la palabra, Jesús unía la de los signos de liberación del mal (Benedicto XVI, 29 de enero de 2012).

a la eficacia de la palabra, Jesús unía la de los signos de liberación del mal
ORACIÓN 

Señor, hoy en este evangelio, me sorprende que seas tan admirado. Tienes algo íntimo, profundo, inefable, misterioso para aquellas personas de tu pueblo. Y me pregunto, ¿por qué hoy, en nuestra vieja Europa, ya no eres admirado, ni tenido en cuenta, y, en algunos casos, eres rechazado? Tú, Señor, eres el mismo. Pero nosotros, tus seguidores, somos distintos. No te seguimos con interés, con entusiasmo, con alegría, con convencimiento. Ayúdanos a cambiar. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-1-de-septiembre-de-2026 

No cabe duda [de] que la clave de lectura de este evangelio está en la palabra “asombro”. Aparece al principio cuando se trata «de la doctrina» y al final «después de una curación». «Se admiraban de la doctrina de Jesús porque hablaba con autoridad». Había en Jesús una coherencia entre lo que decía y lo que hacía. La autoridad no le venía de lo que “sabía” sino de lo que “vivía”.  Su vida irreprochable confirmaba sus palabras. Por otra parte, no se limitaba a predicar, sino a “sanar”. Ciertamente Jesús era un “sanador”. Al demonio bien lo podríamos clasificar como el “deshumanizador de la persona”. Intenta favorecer todo aquello que hace que “el hombre sea menos hombre” y “la mujer menos mujer”. Podemos poner una lista: violencia, guerra, alienación, droga, sida etc. Jesús lucha contra el mal, le conmina, le hace callar, y lo quita del medio.

Y esa hermosa tarea de sanar, cuidar, proteger la vida humana con palabras de esperanza, es la que debemos realizar los cristianos de nuestro tiempo. Sólo así se puede “extender su fama por todos los lugares”, como le ocurrió a Jesús.

La sola presencia de Cristo debía de imponer y eso es a lo que debemos aspirar, a estar tan unidos a Él que nuestra vida sea un reflejo de la vida de Cristo, debemos tener esa autoridad en nuestra propia vida y eso se consigue con una coherencia y unidad en todo; no podemos decir una cosa y hacer otra, sino que hablamos de lo que vivimos, porque vivimos unidos al Señor.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.