Bella mañana la que nos regalas, Señor, para alegrar nuestro corazón y vivir en tu presencia, para poder manifestar en este día la voluntad del Padre celestial. Aunque llueva, aunque haga sol, será día vivido y compartido. Gracias, Señor, porque nos curas de nuestras fiebres, de nuestra pereza, de nuestra soledad y nos das el ánimo y el aliento para levantarnos y para servirte en nuestros hermanos.
Te damos gracias, Señor, porque sabemos que has venido para sanar nuestras heridas y para ponernos en marcha en el camino hacia ti y hacia los hermanos.
Ayúdanos en nuestros intentos de seguir buscándote, aun a tientas y tropezando. Y ayúdanos también a hacer que tu palabra de fe, de esperanza y de amor sea una realidad en medio de nosotros. Y que esto siga siendo la Buena Noticia de que tú estás entre nosotros y de que eres nuestro Señor y Salvador. Guía nuestros pasos vacilantes a la verdadera y segura verdad de tu amor y tu servicio. En este día podamos tomar tus palabras y decir vamos a otro lugar, que también allí tenemos que llevar fe y esperanza. Vamos a otro lugar porque allí también tendremos que llevar consuelo. Amén.
Bendecido miércoles para todos.
Las palabras de los Papas
Ese día era un sábado. La gente del pueblo espera el anochecer y después, terminada la obligación del descanso, sale y lleva donde Jesús a todos los enfermos y los endemoniados. Y Él les sana, pero prohíbe a los demonios revelar que Él es el Cristo (cf. vv. 32-34). Desde el principio, por tanto, Jesús muestra su predilección por las personas que sufren en el cuerpo y en el espíritu: es una predilección de Jesús acercarse a las personas que sufren tanto en el cuerpo como en el espíritu. Es la predilección del Padre, que Él encarna y manifiesta con obras y palabras. Sus discípulos han sido testigos oculares, han visto esto y después lo han testimoniado. Pero Jesús no les ha como querido solo espectadores de su misión: les ha involucrado, les ha enviado, les ha dado también a ellos el poder de sanar a los enfermos y de expulsar a los demonios (cf. Mt 10,1; Mc 6,7). Y esto ha proseguido sin interrupción en la vida de la Iglesia, hasta hoy. Y esto es importante. Cuidar de los enfermos de todo tipo no es para la Iglesia una “actividad opcional”, ¡no! No es algo accesorio, no. Cuidar de los enfermos de todo tipo forma parte integrante de la misión de la Iglesia, como lo era de la de Jesús. Y esta misión es llevar la ternura de Dios a la humanidad sufriente. (papa Francisco, Ángelus, 7 de febrero de 2021)
