Otro día, otro amanecer para mirar al cielo y dar gracias a dios por el don de la vida, mirar al frente y esperar un horizonte lleno de ilusiones; mirar a nuestro lado y ver las necesidades de nuestros hermanos. Gracias, Señor, por darnos en este día la ocasión de ser verdaderos discípulos. Nos has ido llamando por nuestro propio nombre y nos llamas para que escuchemos tu palabra que es palabra de esperanza y de fe y que la transmitamos a nuestros hermanos, como palabra, de aliento y de consuelo. Gracias, Señor, porque salimos a nuestras actividades diarias haciéndolo en tu santo nombre y sabiendo que tú vas con nosotros en todo momento; guiando nuestro caminar y protegiendo nuestra labores cotidianas. Abre nuestro corazón en docilidad y obediencia a tu palabra y permite que María santísima nuestra madre sea nuestro auxilio y protección. Ella sea nuestra estrella que marca el rumbo de lo que haremos en este día.
Un muy feliz miércoles lleno de alegría, de fe y de servicio a nuestros hermanos.
Palabra del Papa
Dice el Papa León XIV: En el Evangelio de Juan, Jesús se define literalmente el «pastor bello» ( Jn 10,11). La expresión hace referencia a un pastor perfecto, auténtico, ejemplar, en cuanto está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, manifestando de ese modo el amor de Dios. Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. Para conocer esta belleza no son suficientes los ojos del cuerpo o criterios estéticos; se necesita contemplación e interioridad. Sólo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: “Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza”. Y lo más extraordinario es que, convirtiéndonos en sus discípulos, a su vez nos volvemos “bellos”; su belleza nos transfigura. Como escribe el teólogo Pável Florenski, la ascética no hace al hombre “bueno”, sino al hombre “bello”. El rasgo que distingue a los santos, además de la bondad, es la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien vive en Cristo. Así, la vocación cristiana se revela en toda su profundidad: participar de su vida, compartir su misión y resplandecer de su misma belleza. (26-abril-2026)
