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8-jul.-miércoles de la 14.ª semana del T. O.

Así, la vocación cristiana se revela en toda su profundidad: participar de su vida, compartir su misión y resplandecer de su misma belleza

Otro día, otro amanecer para mirar al cielo y dar gracias a dios por el don de la vida, mirar al frente y esperar un horizonte lleno de ilusiones; mirar a nuestro lado y ver las necesidades de nuestros hermanos. Gracias, Señor, por darnos en este día la ocasión de ser verdaderos discípulos. Nos has ido llamando por nuestro propio nombre y nos llamas para que escuchemos tu palabra que es palabra de esperanza y de fe y que la transmitamos a nuestros hermanos, como palabra, de aliento y de consuelo. Gracias, Señor, porque salimos a nuestras actividades diarias haciéndolo en tu santo nombre y sabiendo que tú vas con nosotros en todo momento; guiando nuestro caminar y protegiendo nuestra labores cotidianas. Abre nuestro corazón en docilidad y obediencia a tu palabra y permite que María santísima nuestra madre sea nuestro auxilio y protección. Ella sea nuestra estrella que marca el rumbo de lo que haremos en este día. 

Un muy feliz miércoles lleno de alegría, de fe y de servicio a nuestros hermanos.

Palabra del Papa

Dice el Papa León XIV: En el Evangelio de Juan, Jesús se define literalmente el «pastor bello» ( Jn 10,11). La expresión hace referencia a un pastor perfecto, auténtico, ejemplar, en cuanto está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, manifestando de ese modo el amor de Dios. Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. Para conocer esta belleza no son suficientes los ojos del cuerpo o criterios estéticos; se necesita contemplación e interioridad. Sólo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: “Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza”. Y lo más extraordinario es que, convirtiéndonos en sus discípulos, a su vez nos volvemos “bellos”; su belleza nos transfigura. Como escribe el teólogo Pável Florenski, la ascética no hace al hombre “bueno”, sino al hombre “bello”.  El rasgo que distingue a los santos, además de la bondad, es la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien vive en Cristo. Así, la vocación cristiana se revela en toda su profundidad: participar de su vida, compartir su misión y resplandecer de su misma belleza. (26-abril-2026)

 
Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza
ORACIÓN 

Señor, la  llamada a los doce no se paralizó en el tiempo. Hoy sigues llamando con la misma fuerza, con la misma ilusión, con los mismos detalles: les llamaste a cada uno por su nombre. Cada uno de los apóstoles, todos tan distintos, todos tan singulares y, sin embargo, todos tan queridos por Ti. Yo hoy te doy gracias por haberme llamado. Es lo más hermoso que ha ocurrido en mi vida.Amén.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-8-de-julio-de-2026 

La llamada de Jesús a los apóstoles es muy importante para Jesús. San Lucas, en su lugar paralelo, (Lc. 6,12) nos dice que Jesús pasó la  noche orando. Todos esos nombres que salen en la lista, habían sido barajados por Jesús en un diálogo con el Padre. Y cada uno de nosotros, al ser llamados, somos el fruto de ese diálogo de amor. Al llamarnos a cada uno por nuestros nombres, con nuestras singularidades tan distintas, somos también objeto de un amor especial. Y nosotros debemos dar a Dios esa respuesta única, personal, intransferible. Dios no nos ha hecho en serie, ni quiere respuestas en serie. En cada uno de nosotros quiere distinguir una voz distinta, un estilo propio y diferente, un trabajo de artesanía, una respuesta de amor detallada, personal, íntima. Como ocurrió con Simón Pedro y María Magdalena. Una cosa es clara: Yo no puedo ser del montón, yo no puedo ser uno de tantos, debo ir a Dios por el camino de la singularidad. Lo que yo no haga, quedará sin hacer y  nadie lo hará por mí.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.